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¿Has notado que algunos adultos mayores toman una montaña de pastillas cada día? No es raro. En España, más del 40% de las personas mayores de 65 años toman cinco o más medicamentos al mismo tiempo. Muchos de ellos no necesitan tantos. Y eso no es solo un problema de cantidad: es un problema de riesgo. Cada pastilla adicional aumenta la posibilidad de efectos secundarios graves, caídas, confusión mental e incluso hospitalizaciones. La deprescripción no es dejar de tomar medicamentos por capricho. Es un proceso clínico bien estructurado, con reglas claras, que busca quitar lo que ya no ayuda -o incluso hace daño- para mejorar la calidad de vida.
¿Qué es realmente la deprescripción?
La deprescripción no es lo contrario de la prescripción. No es simplemente cortar medicamentos. Es un proceso sistemático donde el médico, junto con el paciente y su equipo de salud, evalúa: ¿este medicamento todavía me está ayudando? ¿O más bien me está causando más problemas de los que resuelve?
Imagina a una persona de 80 años con hipertensión, diabetes y artritis. Lleva 12 medicamentos. Uno de ellos es un inhibidor de la bomba de protones (IBP), que tomó durante años por una indigestión leve. Hoy, esa indigestión ya no existe. Pero el IBP sigue ahí. Y ahora le causa deficiencia de vitamina B12, pérdida de masa muscular y mayor riesgo de infecciones intestinales. ¿Vale la pena seguir tomándolo? La deprescripción responde: no. Y lo quita, paso a paso.
Esto no es teoría. Un estudio publicado en JAMA Internal Medicine en 2023 mostró que, en un grupo de 372 personas mayores, reducir medicamentos con un protocolo de deprescripción no aumentó las complicaciones. De hecho, el 15,8% de los que redujeron medicamentos tuvieron algún problema, contra el 16,2% del grupo que no lo hizo. Es decir: quitar medicamentos no es peligroso si se hace bien.
Las cinco clases de medicamentos más comunes que se pueden reducir
No todos los medicamentos son iguales. Algunos tienen más riesgos que beneficios, especialmente en personas mayores. Las guías internacionales, como las de deprescribing.org, identifican cinco clases que merecen atención especial:
- Inhibidores de la bomba de protones (IBP): Usados para acidez. Muchos los toman años sin revisión. El riesgo: infecciones, fracturas, deficiencias nutricionales. La guía recomienda intentar suspenderlos en 4-8 semanas, con monitoreo.
- Benzodiazepinas y similares: Para ansiedad o insomnio. Aumentan el riesgo de caídas, confusión y dependencia. La reducción gradual, con apoyo psicológico, mejora el sueño real y la claridad mental.
- Antipsicóticos: A veces se usan para comportamientos en demencia. Pero no curan. Solo calman. Y pueden causar rigidez, temblores, o incluso paro cardíaco. Su uso debe ser excepcional y temporal.
- Antidiabéticos: En personas con vida limitada, controlar el azúcar con rigor puede ser más dañino que útil. Hipoglucemias frecuentes son más peligrosas que un azúcar un poco alto.
- Analgésicos opioides: Para dolor crónico. A menudo se usan más de lo necesario. Aumentan el riesgo de adicción, constipación severa y depresión respiratoria.
Estas no son sugerencias vagas. Cada una tiene un protocolo claro. Por ejemplo, para dejar los IBP: primero, ver si hay indicación real; segundo, evaluar si hay alternativas (como cambios en la dieta); tercero, reducir la dosis lentamente; cuarto, observar si vuelven los síntomas. Si no, se suspende.
El marco Shed-MEDS: cómo funciona en la práctica
Un protocolo que ha demostrado resultados reales es Shed-MEDS. Funciona en cuatro pasos:
- Historia completa de medicamentos: No basta con lo que el paciente dice. Se revisan todas las recetas, compras en farmacia, y lo que toma en casa. Muchos olvidan o confunden nombres.
- Evaluación de cada medicamento: ¿Por qué se recetó? ¿Sigue siendo necesario? ¿Hay riesgos? ¿Hay evidencia de que ayuda hoy?
- Recomendaciones específicas: Se propone quitar, reducir o cambiar. No se elimina todo a la vez. Se prioriza lo más riesgoso.
- Resumen y seguimiento: Se documenta el plan, se informa al paciente, y se programa una revisión en 4-6 semanas.
En un ensayo clínico, este marco logró reducir en promedio 1.8 medicamentos por paciente en el momento del alta de una residencia, y 1.6 aún a los 90 días. Sin aumentar hospitalizaciones. Sin aumentar muertes. Solo mejoró la calidad de vida.
¿Por qué no se hace más?
La deprescripción tiene evidencia, tiene protocolos, tiene resultados. Entonces, ¿por qué solo el 15% de los médicos de atención primaria en España lo aplican con regularidad?
Hay tres grandes barreras:
- Tiempo: Una consulta de atención primaria dura 7-8 minutos en promedio. Revisar 12 medicamentos, explicar por qué se quitan, escuchar miedos, y planificar el seguimiento… eso lleva al menos 30 minutos.
- Falta de herramientas: Muchos sistemas de historias clínicas electrónicas no tienen alertas para deprescripción. Solo alertan para prescribir. No para dejar de prescribir.
- Miedo del paciente: Muchos dicen: “Esto lo tomé durante 20 años, ¿cómo vas a decir que lo deje?”. La ansiedad por dejar algo familiar es real. No se puede forzar.
La clave está en el equipo. Cuando un farmacéutico clínico participa, los índices de éxito suben un 35-40%. Porque ellos son los expertos en medicamentos. Pero en España, solo 1 de cada 5 centros de salud tiene un farmacéutico dedicado a revisar medicaciones en mayores.
Lo que cambió en 2024: nuevas reglas, nuevas oportunidades
En junio de 2024, la Asociación Médica Estadounidense emitió su primera política oficial sobre deprescripción: “Los médicos deben evaluar rutinariamente la continuidad de todos los medicamentos”. No es una sugerencia. Es una obligación ética.
En febrero de 2026, el sistema de salud de EE.UU. (CMS) comenzará a medir a los médicos por su capacidad para reducir medicamentos inapropiados. Esto afectará sus pagos. Y eso cambia todo. Porque cuando el dinero sigue la evidencia, la práctica cambia.
En Europa, la Estrategia Farmacéutica de la Unión Europea (2021) ya identificó la deprescripción como prioridad. Y en España, aunque aún no hay una guía nacional, los hospitales de Zaragoza, Barcelona y Madrid ya están probando protocolos locales con éxito.
¿Qué puedes hacer si eres paciente o familiar?
Si tú o un ser querido toman cinco o más medicamentos, aquí hay tres acciones concretas:
- Haz una lista completa: Escribe todos los medicamentos, dosis y horarios. Incluye suplementos, vitaminas y remedios naturales.
- Pide una revisión: En tu próxima consulta, di: “¿Podemos revisar juntos todos mis medicamentos? Quiero saber si alguno ya no es necesario”.
- No te saltes las revisiones: Si te proponen reducir un medicamento, pide que lo hagan lento. Pregunta: “¿Qué síntomas debo vigilar? ¿Cuándo vuelvo?”.
Un estudio cualitativo de 2022 mostró que el 65% de los mayores se sintieron aliviados al reducir pastillas. Pero el 22% se sintió ansioso. La diferencia fue el acompañamiento. Quienes tuvieron explicaciones claras y seguimiento, se sintieron seguros. Los que no, temieron que se les abandonara.
El futuro: más allá de los medicamentos
En 2030, según el Dr. Mark Olfson, la deprescripción será tan común como revisar la presión arterial. Ya se están desarrollando herramientas de inteligencia artificial que analizan historias clínicas y sugieren medicamentos que podrían quitarse. Pero la tecnología no reemplaza la conversación. Lo que importa es que el paciente entienda, participe, y se sienta escuchado.
La deprescripción no es sobre eliminar medicamentos. Es sobre devolver el control al paciente. Es sobre dejar de tratar enfermedades que ya no importan, y empezar a cuidar la vida que sí importa.