¿Qué son las alergias alimentarias mediadas por IgE?
Las alergias alimentarias mediadas por IgE no son simplemente molestias estomacales después de comer algo. Son una respuesta inmunitaria descontrolada, donde el cuerpo confunde una proteína inofensiva en los alimentos -como la de la maní, los huevos o el marisco- con una amenaza. En respuesta, produce anticuerpos llamados inmunoglobulina E (IgE), que se adhieren a células llamadas mastocitos y basófilos. Cuando vuelves a comer ese alimento, las proteínas lo reconocen, activan esos anticuerpos y desencadenan una explosión de sustancias químicas como la histamina. Esto ocurre en cuestión de minutos, no horas. Y puede ser grave.
Esto no es algo raro. Hoy en día, cerca del 8% de los niños y el 5% de los adultos en países occidentales tienen alguna alergia alimentaria IgE. En España, los datos no son muy distintos. Las reacciones pueden ir desde una leve erupción en la piel hasta una parada cardíaca. Lo que más asusta es lo rápido que puede empeorar. Una urticaria puede convertirse en dificultad para respirar en menos de 10 minutos.
Los alimentos que más provocan reacciones
Los culpables cambian con la edad. En los bebés y niños pequeños, la leche y los huevos son los más comunes. Aproximadamente 2.5 de cada 100 niños menores de 3 años son alérgicos a la leche. Los huevos le siguen de cerca. Pero muchos de ellos los superan antes de los 5 años, especialmente si pueden tolerarlos horneados.
En adultos, la situación cambia. El marisco, como camarones o cangrejo, es el principal desencadenante, afectando a casi 3 de cada 100 adultos. Las nueces y los frutos secos, como las almendras o las avellanas, también son muy comunes. Lo preocupante es que, a diferencia de la leche o los huevos, las alergias a las nueces y al maní rara vez se superan. Solo uno de cada cinco adultos con alergia al maní logra desarrollar tolerancia con el tiempo.
¿Cómo se desarrolla una alergia? La teoría de la doble exposición
No es solo lo que comes, sino cómo y dónde entras en contacto con el alimento por primera vez. La teoría de la doble exposición explica por qué algunos niños desarrollan alergias y otros no. Si un bebé con eccema tiene la piel dañada y entra en contacto con proteínas de maní a través de cremas o polvo en el aire, su sistema inmune puede aprender a verlo como un enemigo. Eso es sensibilización cutánea. Ocurre en hasta el 40% de los casos de alergia al maní.
Pero si ese mismo bebé come maní por la boca antes de los 11 meses, su sistema inmune lo aprende como algo seguro. El intestino tiene células especiales que enseñan al cuerpo a tolerar. Es como si la piel dijera: "¡Peligro!" y el intestino dijera: "¡Todo bien!". Por eso, los estudios como el LEAP demostraron que introducir maní entre los 4 y 11 meses en bebés con eccema o alergia al huevo reduce el riesgo de alergia en un 81%.
Prevención: ¿Qué hacer desde el nacimiento?
La prevención ya no se trata de evitar los alimentos. Se trata de introducirlos en el momento correcto. Las guías actuales recomiendan:
- Para bebés de alto riesgo (con eccema severo o alergia a huevo): introducir maní entre los 4 y 6 meses, después de una evaluación médica.
- Para bebés de riesgo moderado: introducir maní alrededor de los 6 meses.
- Para bebés de bajo riesgo: no hay restricciones. Puedes introducir maní, huevo o leche cuando quieras, sin miedo.
El huevo también tiene evidencia sólida. Introducir huevo cocido a los 3 meses reduce el riesgo de alergia a este alimento en un 44%. No se trata de dar pequeñas cantidades esporádicas. Se necesita regularidad: al menos 2-3 veces por semana, durante varios meses.
Además, cuidar la piel es clave. Aplicar vaselina o cremas emolientes desde el nacimiento en bebés con antecedentes familiares de alergias reduce la incidencia de alergias alimentarias hasta en un 50%. La barrera cutánea intacta evita que las proteínas entren por la piel y confundan al sistema inmune.
Diagnóstico: ¿Cómo sabes si es alergia real?
No basta con decir: "Me pone mal cuando como marisco". Las pruebas de alergia no son infalibles. Una prueba de pinchazo en la piel o un análisis de sangre pueden dar positivo aunque no haya reacción real. Por eso, los médicos usan una combinación:
- Historia clínica detallada: ¿cuándo ocurre la reacción? ¿Qué síntomas? ¿Cuánto tiempo después?
- Prueba de pinchazo: un pequeño pinchazo con el alimento. Si aparece una roncha mayor de 3 mm que el control, es sospechoso.
- Análisis de sangre: mide la IgE específica. Para maní, un valor de 14 kU/L o más en niños indica casi con certeza alergia.
- Diagnóstico por componentes: ahora se pueden medir anticuerpos contra proteínas específicas. Por ejemplo, IgE contra Ara h 2 en maní es un marcador muy confiable de alergia grave.
- Prueba de desafío oral: el estándar de oro. Se da el alimento en una clínica, bajo supervisión médica. Es la única forma de confirmar si realmente reaccionas. Pero es riesgosa: entre el 14% y 17% de los pacientes necesitan epinefrina durante la prueba.
Lo que no funciona: las pruebas de alergia no validadas, como la prueba de cabello, la bioresonancia o el test de eliminación sin supervisión. Estas pueden llevar a dietas innecesarias y malnutrición.
Manejo: ¿Qué hacer si ya tienes alergia?
Si ya tienes una alergia IgE confirmada, el plan es simple: evitar el alimento y estar preparado para lo peor. No hay cura, pero hay herramientas que salvan vidas.
La epinefrina es lo único que funciona en anafilaxia. No son antihistamínicos. No son corticoides. Es la epinefrina. Actúa en segundos: contrae los vasos sanguíneos, abre las vías respiratorias, detiene la caída de la presión. Cada minuto cuenta. Si se administra después de 30 minutos de empezar los síntomas, el riesgo de una segunda reacción (bifásica) aumenta un 68%.
Debes llevar siempre dos autoinyectores. Mucha gente solo lleva uno. O no lo lleva. Estudios muestran que solo la mitad de las personas con receta lo llevan siempre. Y casi la mitad lo usan mal cuando ocurre una reacción. No lo guardes en el coche. No lo dejes en casa. Llévalo contigo, en tu bolso, en tu mochila, en tu cinturón. Usa el que tenga la dosis correcta: 0.3 mg para personas de más de 30 kg, 0.15 mg para niños de 15 a 30 kg.
Terapias emergentes: ¿Hay esperanza?
La evitación es difícil. La vida es impredecible. Por eso, las terapias de inmunoterapia están cambiando el juego.
La terapia oral (OIT) con Palforzia, aprobada por la FDA en 2020, permite a niños de 4 a 17 años tolerar hasta dos cacahuetes al día. En estudios, el 67% de los tratados pudieron aguantar esa dosis, frente al 4% del grupo de control. No es una cura, pero reduce el miedo. Si se traga accidentalmente, no te mueres.
La inmunoterapia sublingual (SLIT) funciona con gotas bajo la lengua. Es menos efectiva, pero más segura. Algunos pacientes logran tolerar hasta 3-4 cacahuetes después de dos años.
El omalizumab (Xolair), un medicamento que bloquea la IgE, se usa junto con la OIT. Reduce las reacciones durante el aumento de dosis en un 50%. También se está probando con dupilumab, que bloquea una vía inflamatoria clave.
En el futuro, se están probando nanopartículas que entregan fragmentos de alérgenos sin activar la IgE, y terapias que estimulan células reguladoras para enseñar al cuerpo a ignorar los alimentos. Pero aún están en fase experimental.
Prognóstico: ¿Se supera?
La buena noticia es que muchas alergias infantiles desaparecen. Alrededor del 80% de los niños superan la alergia a la leche y al huevo antes de los 16 años. Pero solo el 20% supera la alergia al maní, y menos del 10% la de las nueces.
Una buena señal es si el niño puede comer alimentos horneados con leche o huevo. Si puede comer galletas o pasteles con huevo sin reacción, tiene un 75% de probabilidades de superar la alergia en tres años. Si no puede, solo un 35% lo logra.
La alergia a la proteína del huevo que resiste el calor (Gal d 2) es más persistente. La que se destruye con la cocción (Gal d 1) se supera más fácilmente. Por eso, los análisis por componentes también predicen el futuro.
Prevención de la anafilaxia: Más allá de la epinefrina
Evitar la anafilaxia no es solo tener un autoinyector. Es un sistema. Los niños con alergias tienen un 50-80% de probabilidades de tener una exposición accidental en cinco años. Y en un 25-35% de esos casos, necesitan epinefrina.
Las escuelas que implementan protocolos claros -entrenamiento al personal, almacenamiento de epinefrina, educación a los compañeros- reducen las visitas a urgencias en un 32%. Los autoinyectores con voz, como Auvi-Q, mejoran la tasa de uso correcto del 60% al 92% en simulacros.
Y no subestimes la importancia del plan de acción. Un plan escrito, firmado por el médico, que dice exactamente qué hacer en cada síntoma, aumenta la probabilidad de que alguien actúe a tiempo. No es un papel. Es una hoja de vida.
¿Qué está por venir?
Los estudios actuales están probando cosas nuevas. El ensayo PREPARE está viendo si darle a las madres 4,400 UI de vitamina D al día durante el embarazo reduce alergias en los bebés. Otro estudio, EAT2, está introduciendo seis alimentos alérgenos (leche, huevo, maní, sésamo, pescado, trigo) a los 3 meses para ver si previene múltiples alergias.
La investigación en bacterias y microbioma también avanza. Los niños criados en granjas tienen menos alergias. Se están probando suplementos con lisis bacterianas para imitar ese efecto. Pero no hay evidencia sólida de que los probióticos ayuden. La revisión Cochrane lo dice claro: no hay beneficio comprobado.
Lo que sí está claro: la prevención ha cambiado. Ya no se trata de evitar. Se trata de introducir temprano, con cuidado, y con apoyo. La ciencia ya no teme a los alimentos. Los entiende.
¿Qué hacer si sospechas una reacción?
Si alguien tiene síntomas como:
- Ronchas o hinchazón en labios, cara o garganta
- Dificultad para respirar, sibilancias o voz ronca
- Desmayo, mareo, pulso débil
- Vómitos o diarrea repentinos, junto con otros síntomas
Actúa así:
- Administra epinefrina inmediatamente. No esperes.
- Llama al 112.
- Acuesta a la persona con las piernas elevadas, si está consciente.
- Si se desmaya, ponla en posición lateral de seguridad.
- Si no mejora en 5-15 minutos, administra la segunda dosis.
No uses antihistamínicos como primera línea. No los confundas con la solución. Solo la epinefrina salva vidas.